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El Recaudador del Rey

Por: Rabino Lazer Brody


Cuanto más contemplamos el juicio Divino, más miedo nos da. El santo Rebe Janina ben Dosa dice que si la persona piensa que Hashem no considera a la persona responsable por cada falta que comete, sus intestinos se le van a salir afuera. En el debate de la Guemará que viene inmediatamente después, Rebe Janina agrega que Hashem perdona a aquellos que se arrepienten.


Pregunta Rebe Natan de Breslev: “¿Quién puede estar tan seguro de que su teshuvá (arrepentimiento) es suficiente? ¿Y quién puede estar tan seguro de que expió cada acto de transgresión?”. Da miedo, ¿no?


Rebe Najman siempre habla de servir a Hashem con alegría. También dice que la teshuvá (arrepetimiento) tiene que hacerse con alegría. ¿Cómo podemos entonces hacer esto si estamos paralizados del miedo? ¿Eso es lo que quiere Hashem de nosotros?


Por supuesto que no!


Es verdad que nunca podemos estar del todo seguros de si nuestra teshuvá es suficiente o no. Pero ese no es motivo para descorazonarnos. Rebe Natan nos dice cómo tener un Rosh Hashaná y un Yom Kipur agradables y sin preocupación sin la ansiedad de golpearnos en el corazón hasta que nos salgan moretones. Y nos da esta parábola de ejemplo:


Una vez un mercader necesitaba un inversionista para obtener el capital necesario para generar un nuevo negocio. No logró encontrar uno, así que fue al rey y le pidió prestados cinco mil rublos prometiéndole que se los devolvería al cabo de un año. El rey aceptó y le dio el préstamo. El mercader firmó un pagaré que estipulaba la fecha de devolución del préstamo.


Con los cinco mil rublos que le prestó el rey, el mercader se dirigió a la feria de Leipzig e invirtió en toda clase de mercaderías que ciertamente le iba a proveer grandes ganancias. Pero una cosa llevó a la otra y después de una serie de desgracias (ladrones en el camino, oficiales de aduana deshonestos y un carretero que le robó las pocas mercaderías que todavía le quedaban), el mercader se quedó sin un centavo.


Cuando llegó la fecha de devolver el préstamo, el mercader apenas si tenía dinero para traerle a su familia un pan negro de tres días antes, lleno de moho. Obviamente que no tenía dinero para devolverle el préstamo al rey. Pero también sabía que si trataba de escaparse, tarde o temprano el Guardia Real iba a alcanzarlo y ese sería su fin. Por eso decidió retornar al palacio el día de la devolución y depositar su suerte en la compasión del rey.


Al presentarse ante el rey, el mercader se arrojó a sus pies, llorando muchísimo e incapaz de pronunciar una sola palabra.


“Cálmate”, lo tranquilizó el benevolente rey. “¿Qué es tan terrible para que llores así?”.


“Sí su Majestad” imploró el mercader entre lágrimas, “hoy era la fecha de pago del préstamo de cinco mil rublos que le pedí prestado el año pasado. Pero he sufrido una serie de desgracias y me he convertido en un pobre indigente y no tengo ni siquiera un solo rublo para devolver” y se puso a llorar nuevamente.


El rey consoló al mercader, diciéndole: “Es muy admirable que hayas venido y no hayas evitado tus responsabilidades. Haz hecho lo correcto a venir a verme. Tu deuda de cinco mil rublos es una nada para mí. Todo el reino me debe dinero y las deudas suman millones de rublos pero pocos me las devuelven”. Y entonces el rey agregó: “Tengo una idea para ti que no podrás rechazar”.


Alentado por la benevolencia del rey y sus cálidas palabras, el mercader preguntó: “¿De qué se trata, Su Majestad?”.


“En este mismo momento borro completamente tu deuda. No sólo eso, sino que a partir de ahora te pagaré un sustancioso salario. Ven a trabajar para mí; el Ministro de Hacienda te proveerá una lista de personas que me deben dinero con sus direcciones y la deuda de cada uno. Yo quiero que seas mi recaudador. Y con un esfuerzo mínimo no sólo que me traerás cien veces más dinero del que me debes sino que tendrás un ingreso respetable para tu familia. ¿Estás de acuerdo?”.


El mercader no podía creer su increíble fortuna y enseguida aceptó la oferta.


Esa es la parábola. La moraleja de esta historia es que cuando llegan Rosh Hashaná y Yom Kipur, ¿quién se atreve a decir que ha pagado satisfactoriamente las deudas de todo un año al Rey de Reyes? ¡Nadie! Y sin embargo, nuestra vida misma depende de eso. “No importa”, nos dice Hashem. Nuestras deudas individuales no son nada comparadas con las deudas espirituales de todo el pueblo judío.


Hashem nos da la oportunidad de ser Sus Recaudadores. Al acercar a otras personas a Hashem nos hacemos socios del mérito de todas las buenas acciones que todas esas personas llevan a cabo y de las de sus descendientes por toda la posteridad. Y según dice el Rabino Shalom Arush, no hay nada que acerque a la gente a Hashem más que difundir la emuná.


No te descorazones: si no tienes idea de cómo difundir la emuná en el mundo, puedes hacer un pidión nefesh, una donación generosa que es igual de efectiva como un sacrificio ritual en el Templo Sagrado, que te ayuda a expiar tus faltas y las de tus familiares. No sólo que el Rey va a borrar todas tus faltas sino que además recibirás una cantidad indescriptible de méritos de todas las almas a las que podremos llegar gracias a tu donación, tanto en Israel como en el mundo entero.


Y que tú y los tuyos sean inscriptos y sellados en el Libro de la Vida para un muy próspero 5779. Amén!

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