Las leyes han acompañado a la humanidad desde sus orígenes, y su propósito va mucho más allá de simples normas de convivencia. En la tradición bíblica, particularmente en la Parashat Mishpatim, se nos recuerda que las leyes son un reflejo de la voluntad divina y un instrumento para mantener el equilibrio entre la justicia, el orden y el amor. Mishpatim presenta la ley como un tejido que une justicia, orden y responsabilidad moral. Para los Noájidas, especialmente, que sostienen los principios universales derivados de la tradición judía, esta porción ofrece una guía práctica, puesto que las normas no son meras prohibiciones, sino herramientas para construir una convivencia humana digna y sostenible. En primer lugar, porque las leyes cumplen la función de regular la conducta humana. Al establecer lo permitido y lo prohibido, crean un marco que favorece la convivencia pacífica y evita el caos. Sin ellas, la vida en comunidad sería imposible, pues cada individuo actuaría únicamente s...
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