La Creación de Adam y Javá: Tres Tipos de vínculos | Rav David Shalem

El relato de la creación de la mujer en Bereshit 
2:21-22 (Génesis) es uno de los textos más ricos y analizados de la Torá. Al profundizar en el hebreo original y en los comentarios tradicionales (como el Talmud y el sabio Rashi), el significado va mucho más allá de una simple cirugía literal ya que se describe, además, al menos  tres tipos de relaciones que interactúan entre el hombre y la mujer.

La palabra hebrea utilizada en el texto es tzela (צֵלָע). Esta palabra casi nunca se traduce como "costilla". Se utiliza principalmente para describir el "costado" o el "lado" de un objeto o estructura (por ejemplo, los lados del Tabernáculo o del Arca de la Alianza). A lo que muchos sabios e historiadores explican que Dios no tomó un hueso individual, sino un costado entero (una mitad) del ser humano original. Esto sugiere que el primer ser creado era una criatura unificada (andrógina) que Dios dividió en dos seres complementarios: hombre y mujer.

En el momento en que fueron "cortados" cada uno, Adam y Javá pudieron verse mutuamente. Pero, primero hay que entender la naturaleza de Adam y Javá. No se trata de personas físicas, al menos en el sentido que conocemos, ellos son de otra naturaleza y se podría describir como una naturaleza espiritual.

Adam exclamó: «¡Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará mujer (Ishsháh), porque del hombre (Ish) fue tomada».

Posteriormente, luego del pecado Ishá fue llamada Javá. «El hombre llamó Eva (Javáh) a su mujer, porque ella sería la madre de todo ser viviente». Bereshit 3:20. El texto de Bereshit 2:23 dice exactamente en hebreo: «Zot hapáam...», que se traduce de forma literal como «Esta vez sí» o «Al fin una».  Y es notorio que Adam dijera que "Esta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne..." porque da pie a una de las discusiones controversiales en este tema, porque algunas personas entienden que antes hubo otra compañera (tal vez, también formada del barro, o también de su mitad del costado) a quien algunos llaman Lilith, pero esto no es bíblico. El mito de Lilith nació siglos después precisamente para intentar dar una respuesta imaginativa a esa misma frase y a la doble narración de la creación. Pero la explicación más común y aceptada es que el texto se refiere a que Ishá no es cómo los demás animales de la creación sino que es semejante a Adam.

El nombre de Ishá -que es un sustantivo, no un nombre en realidad- cambio precisamente luego del castigo producto de la misericordia de Dios que no le da nombre de muerte, por el pecado, sino de vida (dadora de vida), porque comprendió que a través de ella la humanidad sobreviviría y nacerían las futuras generaciones. Fue un homenaje a su rol como madre de la humanidad en medio del castigo.

Esa primera relación descrita en Bereshit, es la del macho y hembra. La segunda relación es hombre y mujer.

Entonces tenemos la secuencia evolutiva de macho-hombre (Ish)-Adám y la de hembra-mujer (Ishá)-Javá. Cuando recién fueron creados fueron macho-hembra, cuando Dios los separó en dos cuerpos se llamaron Hombre y Mujer, luego, cuando pecaron Dios mismo los llamó Adam y Javá ¿Qué significado tiene cada uno de esos nombres o etapas?

La Parashat Bereshit nos explica que son tres tipos de relaciones, opcionales, entre un hombre y una mujer que se dan de manera aleatoria a lo largo de la vida. Para nosotros, una relación de pareja basada en el contacto físico corresponde a macho y hembra. De tipo básico, indispensable claro, pero en el que no hay mucha diferencia a la relación entre las parejas de animales.

Luego describe un segundo tipo de unión, entre factores masculino y femenino, que es el de Hombre y Mujer. Este nivel también está basado en la relación física pero con un nivel más elevado, el emocional. Una persona se une a su pareja de forma física pero también de forma emocional. El hombre quiere a la mujer y la mujer quiere al hombre, hay sentimientos de por medio.

El tercer tipo de vínculo posible es de Adám y Javá. Esto describe que ya no son solo entidades sino que poseen un nombre. Y esto revela ya que es un nivel superior, la esencia espiritual, el carácter y la misión de la persona.

En la tradición judía, el nombre es el canal por el cual el alma entra al cuerpo y se vincula con la persona. En hebreo, la palabra neshamá (alma) contiene en su interior la palabra shem (nombre). Se considera que cuando los padres eligen el nombre de un hijo, experimentan un destello de inspiración profética para que ese nombre coincida con el destino del niño. Y la gematria (numerología hebrea) señala que la palabra shem (nombre) equivale a 340, el mismo valor numérico que sefer (libro). El nombre es como el título del libro que cuenta la historia y el potencial espiritual de cada individuo. Este tercer nivel de vínculo, sigue basado en lo físico, así como en lo emocional pero añade un nivel superior, el del lazo del alma.

Cabe comprender que cada relación no se da pura o de manera secuencial sino que operan de forma simultanea de acuerdo a los porcentajes que cada miembro de la pareja invierte en la relación y aquí viene lo complejo. No es si se dan estos vínculos, sino en que medida, en qué momentos y en qué contextos de la pareja, porque existen todo tipo de divergencias y malos entendidos precisamente porque no se dan de manera igual en el uno y en el otro, cada cuál tiene el orden de su escala y los aplica según su forma de ser y no siempre obtiene el reflejo deseado en su pareja, que a su vez, también aplica su propio nivel y orden en esta vinculación. Por eso es tan compleja la relación.

El asunto para lograr cierta paz conyugal y relaciones exitosas consiste en hallar equilibrios entre estas tres formas de vincularse, con la  sabiduría de saber en qué momentos aplicarlos, que exista comprensión del otro y también en la cantidad promedio, equilibrada que funcione para ambos. Para esto es necesario que ambos compartan objetivos, que hallen propósitos comunes como pareja.

Un consejo para aquellos que están buscando establecer una relación conyugal, o bien reparar la que ya están vviendo, es la de hallar y enfocarse en los objetivos que cada uno quiere alcanzar. Obviamente esto requiere una gran dosis de honestidad, hasta consigo mismo, y saber expresar eso de forma clara y asertiva con su pareja. Debe existir un buen nivel de comunicación entre ambos.

En el Tratado Yevamot (63a) dicen los sabios: "Cualquier hombre que no tiene esposa no es un hombre completo (adam shalem)". Para fundamentar esta afirmación, el Talmud se basa en el versículo de Bereshit 5:2: "Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adam (Hombre)". Los sabios explican que el texto bíblico utiliza el término colectivo "Adam" únicamente cuando ambos están unidos; por lo tanto, separados son considerados "medias personas" o seres incompletos espiritual y existencialmente.

El Santo Zohar lleva este concepto talmúdico al terreno místico, explicando que el hombre y la mujer son originalmente dos mitades de una misma alma. Al nacer en el mundo físico, estas mitades se separan y solo mediante el matrimonio vuelven a fusionarse para recuperar su integridad original.

Regresando al tema de Lilith y Adam. El tratado Erubin (100b) Describe a Lilith como una criatura con el pelo largo o salvaje. El Tratado (24b) la menciona como un ser provisto de alas. El Tratado Shabbat (151b) advierte sobre el peligro de que los hombres duerman solos en una casa, ya que Lilith puede atacarlos o seducirlos durante la noche. Y los Tratados Baba Batra (73a) y Sanhedrin (39a) se refieren a ella en contextos de demonología, asociándola con la madre de ciertos espíritus o demonios (como Hormin/Hormiz).

Todo esto hace una descripción de que la relación con la primera pareja de Adam era meramente física y fue un desastre para ambos y Adam se dio cuenta que podría morir en esta relación y se alejó de ella. En ese nivel de comprensión, la persona sabia debe darse cuenta que hay cierto tipos de relaciones (degradantes, peligrosas) que la pueden llevar a la muerte, física o espíritual.

Narra la mitología hebrea, que antiguamente, al caer la noche las familias cerraban sus casas con temor a que Lilith se apareciera, entonces colocaban bajo la puerta una imagen de una mujer con el cabello desordenado en puntas con la creencia de que esto ahuyentaba a esta criautura.

Frente a esto, a modo de contraste, la Toráh  narra, específicamente en los tratados de Berajot (61a) y Erubín (18a), que Dios trenzó el cabello de Eva y la engalanó como a una novia antes de presentársela a Adán. El texto bíblico en Génesis 2:22 dice literalmente que de la costilla que tomó del hombre, el Señor Dios "construyó" (vayiven) una mujer. La justificación radica en que, en ciertas ciudades costeras e idiomas antiguos de la región, a la acción de hacer una trenza (keli'atha o binita) se la llamaba coloquialmente "construir" o "hacer una edificación" (binyan),  con lo que el sabio Rabí Shimón ben Menasia enseñó que el uso de la palabra "construir" indica que el Santo, Bendito sea, trenzó el cabello de Javá.

Dios mismo, "en persona", engalanó a Javá. La vistió y adornó con joyas celestiales, arreglando meticulosamente su cabellera para que luciera hermosa y hallara gracia inmediata ante los ojos de su esposo. Esta interpretación del texto no es una simple metáfora poética, sino que tiene implicaciones legales (halájicas) reales en el judaísmo. Dado que el Talmud define el trenzado de cabello como una forma de "construcción", está prohibido trenzarse el cabello durante el Shabat. Deshacer o hacer una trenza en el día de descanso se considera equivalente a edificar o demoler una estructura física.

Nota: El Rabino David Shalem es maestro de rabinos y actualmente es también Director para habla hispana en el Centro Noajida Mundial, en Israel.



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