El Algoritmo en el Estrado: Inteligencia Artificial, el Establecimiento de Cortes de Justicia y la Crisis de la Verdad
Vivimos en una época marcada por el vértigo tecnológico. La Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser un mero artefacto de asistencia administrativa para convertirse en una herramienta con pretensiones predictivas y resolutivas en el ámbito del derecho. Desde la evaluación automatizada del riesgo de reincidencia hasta la redacción sintética de sentencias, los algoritmos comienzan a internarse en las salas de audiencias. Sin embargo, este despliegue apresurado exige pausar el camino y formular una pregunta crucial: ¿Es factible automatizar el acto de juzgar sin despojar al derecho de su sustancia ética?
Para este trabajo, abordaremos el ODS (Objetivo de Desarrollo Sostenible) número 16: "Paz, Justicia e Instituciones Sólidas" y los desafíos que representa el uso indiscriminado de las IA dentro del ámbito jurídico, de género y convivencia en sociedad para la aplicación de los Derechos Humanos. Los ODS son metas globales dentro de la Agenda 2030 y 2050 propuestas desde las Naciones Unidas en el año 2015.
Nos acompañan la Ingeniera Sandra Fabiana Valla, quien es una notable docente investigadora, con más de 40 años de experiencia en innovación tecnológica y la Inteligencia Artificial (IA) y la participación de la Dra. Ana Carolina Argüello, abogada y directora del Instituto de Desarrollo Humano y Liderazgo en Tucumán, Argentina, quien es una especialista en liderazgo y comunicación especializada en las IA especialmente en el área donde confluyen el Derecho, el Género y las Tecnologías.
Vamos a basarnos, específicamente, en la propuesta del Dr. Shimon Dovid Cowen expuesta en su libro La ética universal: La teoría y la práctica de las leyes noájicas, en donde los valores éticos universales se fundamentan en la condición única del ser humano como un ser dotado de alma, conciencia moral y responsabilidad objetiva ante un Creador, por lo que en la sustitución de la conciencia humana por el mero procesamiento computacional la IA opera mediante algoritmos y probabilidades, careciendo de intencionalidad moral o conciencia espiritual, lo que nos conduce a reflexionar si podemos confiar decisiones éticas o de justicia a sistemas automatizados en donde se reduce el juicio moral objetivo a un cálculo utilitario.
Analizar el impacto de la IA en la administración de justicia bajo este prisma, complementado con la rica sabiduría milenaria de las fuentes talmúdicas sobre los cuidados al impartir veredictos, nos permite descifrar los riesgos latentes en la digitalización de la justicia.
La justicia no es el resultado de procesar la mayor cantidad de variables en el menor tiempo posible; la justicia exige comprender el significado humano y espiritual detrás de los hechos.
Reflexión Talmúdica (Tratado Sanhedrín 6b):
«Que la ley atraviese la montaña... Pero los jueces deben saber ante quién están juzgando, y quién es Aquel que exigirá cuentas de sus actos».
La judicatura no es un ejercicio mecánico de resolución de ecuaciones, sino un acto sagrado que exige presencialidad, temor reverente y la evaluación meticulosa de las intenciones del corazón humano.
1. La Ontología del Juzgador: Alma vs. Razón Natural
Tanto la perspectiva noájida/talmúdica como el iusnaturalismo tradicional (desde Cicerón hasta Santo Tomás de Aquino) rechazan de manera categórica el positivismo legal estricto y el mecanicismo. Para ambas posturas, la justicia no es el simple resultado formal de aplicar un algoritmo o una regla matemática sobre hechos procesales.
El Derecho Natural argumenta que la ley positiva debe derivarse de la razón humana orientada a la ley natural meta-positiva.
La visión noájida-talmúdica sostiene que el juicio requiere de la conciencia moral (Neshama o alma), el libre albedrío y la intencionalidad espiritual.
Sin embargo, mientras que el Derecho Natural racionalista (p. ej., Grocio o Locke) fundamenta la capacidad de juzgar en la razón natural intrínseca al ser humano, el enfoque talmúdico y de la Ética Universal de Cowen añade un elemento ontológico-teológico explícito: el juzgador no solo usa la razón, sino que actúa con responsabilidad objetiva ante un Creador trasciende. Por ello, delegar la sentencia a una IA no es solo un error técnico, sino una violación ontológica al reducir la conciencia espiritual a mero procesamiento computacional.
Una máquina no comprende la desesperación, la atenuación del dolor humano, la malevolencia real o la redención; simplemente pondera pesos sintácticos. Confiarle la decisión de privar a un individuo de su libertad o de resolver disputas fundamentales diluye el acto judicial en un cálculo frío e inerte.
2. La Crisis de la Verdad, la Credibilidad y el Establecimiento de Cortes (Dinim)
Dentro del marco de la Ética Universal de las leyes noájicas, el establecimiento de cortes de justicia representa un mandato imperativo para el mantenimiento del orden ético civilizatorio. Un tribunal no es solo una infraestructura burocrática; es la garantía social de que la verdad objetiva prevalece sobre el caos y la arbitrariedad.
Sin embargo, la propagación descontrolada de la IA genera un fenómeno paradójico: mientras promete democratizar la información, erosiona las bases de la credibilidad y la verdad objetiva. La irrupción de los contenidos ultrafalsos (deepfakes), la clonación de voz y la generación de evidencias sintéticas alteran la naturaleza de la prueba judicial. Cuando la evidencia física y digital puede ser manipulada sin dejar rastro, la credibilidad general del sistema colapsa.
La Verdad Objetiva vs. La Eficiencia Normativa
El iusnaturalismo sostiene que existe una verdad objetiva e inmutable sobre lo justo y lo injusto que precede a cualquier norma o tecnología. La IA, al apoyarse en modelos probabilísticos y correlaciones estadísticas de datos históricos, corre el riesgo de sustituir la "Verdad" por el "Promedio" o la "Probabilidad". Ambas escuelas coinciden en que un veredicto no es justo solo por ser "eficiente", sino por ser verdadero y equitativo.
Aporte de las fuentes talmúdicas:
Las fuentes talmúdicas (como el análisis sobre Derishah u-Pekidah y la exigencia de Din Emet le-Truito / "juzgar la verdad verdaderamente") aportan un protocolo pragmático sobre el cuidado del testimonio y la presencialidad. Frente al problema de la "caja negra" algorítmica y los deepfakes, el iusnaturalismo defendería la invalidez de tales evidencias por atentar contra la ley natural del debido proceso, mientras que el Talmud complementa esto exigiendo el escrutinio ético del juez de viva voz.
El problema de la "Caja Negra" en los Tribunales
Si la sociedad percibe que las sentencias son dictadas por algoritmos opacos cuyas variables internas son incomprensibles o inaccesibles (el fenómeno de la black box), el tribunal pierde su legitimidad sagrada y su autoridad moral, transformándose en un mero aparato tecno-burocrático.
Las fuentes talmúdicas dedican especial atención al cuidado extremo de la verdad en la investigación judicial. El rigor en el interrogatorio de los testigos (Derishah u-Pekidah) exigía que los jueces escudriñaran el lenguaje corporal, las miradas y las contradicciones sutiles de quienes testificaban. Un sistema procesal guiado por algoritmos carece del discernimiento contextual e intuitivo indispensable para descifrar la mentira o detectar verdades fragmentadas.
3. Dilución de la Autoría Moral y Erosión de la Responsabilidad Personal (Accountability)
La responsabilidad personal es la columna vertebral de la ley moral. Las leyes éticas universales exigen que el individuo se reconozca responsable de sus actos ante los demás y ante la trascendencia.
La delegación de decisiones en la IA diluye la autoría moral, creando un vacío donde nadie se hace personalmente responsable de los daños, injusticias o sesgos cometidos por la máquina:
El programador argumentará que el modelo aprendió autónomamente con datos masivos.
El juez humano sostendrá que solo siguió la recomendación de una herramienta "científica y objetiva".
La empresa desarrolladora se escudará en las cláusulas de limitación de responsabilidad del software.
Reflexión Talmúdica (Pirkei Avot 1:11):
«Sabios, sed cuidadosos con vuestras palabras, no sea que incurráis en la pena del exilio y vuestros discípulos beban de las aguas amargas».
La tradición talmúdica impone al juzgador una responsabilidad directa, ética y personal por el impacto de cada palabra dictada en su veredicto.
Cuando nadie asume la responsabilidad del dictamen, la justicia deja de ser un ejercicio de rectitud moral y se convierte en una tragedia automatizada sin autor culpable.
Para el Derecho Natural, un acto solo puede ser calificado de moral o inmoral (y por ende sujeto a responsabilidad jurídica) si emana de un agente libre con volición. La "caja negra" de la IA genera un vacío de responsabilidad que el iusnaturalismo considera inaceptable. Si el sujeto que decide carece de albedrío, la sentencia se convierte en un evento de la naturaleza (como una catástrofe natural) y no en un acto de justicia.
Profundización Talmúdica:
La cita de Pirkei Avot 1:11 («Sabios, sed cuidadosos con vuestras palabras...») personifica la responsabilidad en la figura individual del juez. El iusnaturalismo coincide en que la delegación tecnológica crea una dilución de la culpa entre el programador, el Estado y la máquina, erosionando el pilar iusnaturalista de la imputabilidad personal.
4. Deshumanización de las Relaciones y la Pérdida de la Empatía
Cowen enfatiza el valor inalienable de los tribunales de justicia y el respeto mutuo entre personas como un deber esencial dentro del código noájico. La automatización en ámbitos judiciales elimina la empatía, el discernimiento contextual y la dignidad inherente que solo un ser humano con alma puede reconocer en otro.
Un juez humano no solo aplica la regla abstracta de la norma; aplica la equidad. Pondera las circunstancias existenciales, el arrepentimiento sincero y la fragilidad de la condición humana.
Rechazo del Utilitarismo y el Criterio de la Dignidad
El principal punto de encuentro radica en la oposición frontal al utilitarismo tecnológico. La IA en los tribunales suele justificarse bajo la premisa de optimizar tiempos, reducir costos procesales o sistematizar decisiones. El Derecho Natural establece que la persona humana es un fin en sí misma (dignidad humana) y no puede ser sacrificada ni instrumentalizada bajo pretextos de eficiencia estatal o pragmatismo.
Cada caso llevado a juicio representa un cosmos único. Un algoritmo, por el contrario, reduce al individuo a un punto de datos dentro de una distribución estadística, subordinando la dignidad humana a métricas agregadas de eficiencia.
La frase talmúdica citada de Sanhedrín 37a ("quien salva una vida es como si hubiera salvado al mundo entero") es la máxima expresión del principio iusnaturalista de la inestimable dignidad del individuo. Un algoritmo reduce a la persona a un punto de datos en una distribución normal; el Derecho Natural y la ética talmúdica exigen ver en cada juzgado un universo moral irrepetible.
5. Riesgo de Relativismo e Instrumentalización Tecnológica
La ética universal se sostiene en un código moral objetivo e inmutable. La IA, por el contrario, suele programarse en función de intereses económicos, políticos o utilitaristas, lo que puede instrumentalizar al ser humano y promover una visión donde el valor de la vida y los derechos quedan subordinados a criterios de eficiencia tecnológica.
Existe un riesgo inminente de utilitarismo jurídico: subordinar los derechos fundamentales a la "rapidez procesal" o al ahorro de costos estatales. Cuando la velocidad de la resolución se coloca por encima de la minuciosidad del juicio, la persona deja de ser el fin del sistema y se convierte en un simple objeto de procesamiento algorítmico.
Restaurar el Altar de la Justicia
La tecnología no debe ser rechazada, pero su función debe ser estrictamente delimitada. La Inteligencia Artificial puede actuar como un asistente auxiliar para la organización de archivos, búsqueda jurisprudencial o gestión administrativa, pero jamás debe cruzar el umbral del discernimiento ético ni de la toma de veredictos.
Para preservar la credibilidad de las Cortes de Justicia y la verdad en la sociedad, debemos recordar la lección central de la ética universal y la sabiduría talmúdica: juzgar es un atributo del alma humana. Solo quien posee conciencia, capacidad de piedad, discernimiento contextual y responsabilidad directa ante la trascendencia está capacitado para sopesar la vida, la libertad y la dignidad de sus semejantes.
Enseñanza Final (Sanhedrín 7a):
«Aquel juez que juzga la verdad verdaderamente (Din Emet le-Truito), se convierte en socio del Creador en la obra de la creación». La verdad no es un cálculo numérico; es el compromiso ético e indivisible de preservar la justicia en la tierra.
La ética universal se sostiene en un código moral objetivo e inmutable. La IA, por el contrario, suele programarse en función de intereses económicos, políticos o utilitaristas, lo que puede instrumentalizar al ser humano y promover una visión donde el valor de la vida y los derechos quedan subordinados a criterios de eficiencia tecnológica.

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